la leyenda del sol y la luna

La leyenda del sol y la luna

La leyenda del sol y la luna : “Cuéntame la historia de cómo el Sol amaba tanto a la Luna que moría todas las noches para dejarla respirar”.

La cita en sí ha inspirado a escritores, poetas y artistas por igual. Aunque se desconoce el origen cultural de la cita, muchos creen que sus raíces provienen de un cuento popular anterior Por qué el sol persigue a la luna. Sin embargo, hay varias mitologías del Sol y la Luna en todo el mundo que también pueden haber inspirado la cita. Ya sea representado como amantes, hermanos o madre e hijo, cada mito cultural ofrece su propia explicación de cómo los cuerpos celestes dependen unos de otros para toda la vida, y que de otro modo no existirían.

El sol tiene que morir todas las noches para que la luna pueda vivir, porque sin el sol no habría luna. Dependen el uno del otro y su muerte cada mañana le da vida. Es su vínculo lo que les da a los demás lo que quieren y necesitan.

la leyenda del sol y la luna

Les dejo una variación de la historia a continuación:

“Cuéntame la historia de cómo el sol amaba tanto a la luna que moría todas las noches para dejarla respirar”.

Había una vez una luna, tan hermosa como ella misma puede ser, solo las estrellas la podían admirar, pero el sol no la podía ver. El sol siempre tan radiante ardiendo tan brillante. La luna tan luminosa, pero solo mostraba su rostro durante la noche. Ella era intocable, rodeándose de un manto de oscuridad. El sol daría cualquier cosa por vislumbrar a la Luna iluminando el hermoso cielo nocturno.

Hasta que un día, cuando el sol se deslizaba fuera de los cielos, la vio fugazmente. Ella estaba mirando hacia arriba. Y aunque el sol podía brillar, sabía en ese momento que la luna tambien podía brillar.

Fue justo en ese momento cuando las estrellas se perdían en la noche, que el Sol se enamoró como una bola de nieve que baja por una montaña. Cómo deseaba verla moverse y que los momentos fugaces que compartió con ella tanto al amanecer como al anochecer duraran para siempre. Pero eran un mundo aparte.

“Aléjate”, le susurró una de esas noches la luna, con su voz tan dulce y triste como la última luz de la mañana. “Aléjate y déjame respirar, porque tú y yo hemos decidido nuestros destinos. Tú iluminas el día y yo arrojo luz sobre la noche. Mas nunca estaremos juntos. Nuestra conexión iría en contra de lo que toda la gente cree, todo lo que sabe. No te atrevas a abandonar tu bendición de luz por mi oscuridad”. Esas fueron las últimas y fuertes palabras que le dijo la Luna al Sol.

Es desde es día que durante el verano él se queda un poco más por si ella, su amada, cambia de opinión. Pero hasta nuestros días no sirvió.

El sol pudo sentir desde ese momento en su alma pacífica las palabras de la luna y pronto se hizo claro. Decidió que moriría todas y cada una de las noches para dejar respirar a su verdadero amor.

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